Se sabe poco de la terapéutica etrusca aunque se supone que su conocimiento viene de la Medicina griega.
Según los tratadistas antiguos, en el territorio etrusco hubo importantes fuentes salutíferas y edificios termales, utilizados en hidro y balneoterapia que, posteriormente,
los romanos convirtieron en sus lujosas termas, templos y piscinas.
En el siglo II a. C. un afamado médico romano, Antonius Musa, empleando agua fría, tanto en forma de aplicaciones externas como en forma de bebida, salvó la vida del emperador Octavio Augusto y curó al gran poeta Horacio de una resistente dolencia ocular. El emperador Augusto fue curado de una grave afección hepática gracias al empleo juicioso que de la lechuga le prescribió su médico Antonius Musa.
En prueba de agradecimiento, el emperador Augusto decidió recompensarlo a él y a todos los médicos de Roma con un anillo de oro, el cual marcaba una señal de distinción entre todas las clases sociales.
Gracias a este hecho, los médicos romanos fueron calificados a partir de entonces como nobles y vicarios del Imperio Romano.