De Corocotta y de la época de las Guerras Cántabras sabemos muy poco, y todo lo que sabemos lo sabemos gracias a las fuentes romanas, gracias a cronistas como, Floro, Orosio, Dión Casio y en menor medida Jordanes y otros.
Al ser fuentes provenientes del bando ganador siempre hay que examinarlas atentamente y contrastarlas con los restos arqueológicos para ver cuál es el grado de veracidad de las mismas.
El pueblo cántabro habitaba la zona norte de la Península Ibérica, tenía como vecinos a los Atures al Oeste, a los Vaceos al sur y a los Vascones al este. El territorio cántabro seria el doble del que ocupa hoy la provincia de Cantabria. Los cántabros eran un pueblo guerrero surgido de la fusión de los invasores celtas y la población autóctona. No eran un pueblo unificado, sino que estaba compuesto de varias tribus menores: Los Orgenomescos en la zona de la costa oeste, los Coniscos en la región de Santander, los Aurinos en la costa este, los Vadinenses limitando con los Astures, los Concanos en la región de Potes, los Tamaricos en la zona de Velilla de Guardo y varias tribus mas…. Sus costumbres y modos de vida serán muy austeros y primitivos, al estilo de los celtas de Tracia y Escitia según comparan los cronistas romanos. Una economía y modo de vida basado en la guerra, actuando como mercenarios o saqueado las tierras y cosechas de sus vecinos Vacceos, Turmódigos y Autrigones.
Los cántabros eran un pueblo famoso por sus cualidades guerreras ya que solían participar como mercenarios en muchos conflictos. Acompañaron como mercenarios a Aníbal y sus cartagineses en la Segunda Guerra Púnica dando muestra de una gran valía. En ese conflicto se hizo famoso el caudillo cántabro Laro por su corpulencia y por el número de enemigos que segó con su hacha de dos cabezas. También aparecieron durante el asedio de Numancia, intentando auxiliar a los sitiados. Nuevamente se les encontraría Julio Cesar durante la Guerra de las Galias, en la que los cántabros participaron como auxiliares de los Aquitanos. Así pues los cántabros serían para los romanos “el pueblo más fiero de la Península” y todo un quebradero de cabeza a la hora de imponer la civilización y el orden en la Península. Cuando el emperador Augusto llegue al poder decidirá poner fin a las incursiones de saqueo de los Cántabros sobre tierras de pueblos ya sometidos a Roma. Además el hallazgo de minas de oro en la zona norte era una suculenta tentación para Roma, ya que las guerras civiles entre los sucesores de Cesar habían dejado las arcas vacías. Así pues Augusto decidió acabar con los saqueos cántabros, apoderarse de las minas de oro y unificar toda la Península como parte del imperio unificado que estaba construyendo, además de aumentar su prestigio como general. Fruto de todo esto serán las Guerras Cántabras, del 29 al 19 a.C.
Así pues en el año 29 a. C., Statilio Tauro, legado de Augusto, emprende una campaña contra los pueblos vacceos, cántabros y astures, antiguos enemigos aliados frente a Roma, el enemigo común que les pretendía someter a todos. Peor la unión será más nominal que efectiva, la coordinación militar entre los tres pueblos será nula. El legado Statilio logró pacificar rápidamente a los Vacceos, una victoria que le hizo valedor de la celebración del triunfo. Sin embargo no consiguió derrotar a los Cántabros y Atures refugiados en sus “castros” o campamentos fortificados en las montañas y decidió levantar un campamento en Asturica, la actual Astorga, para las futuras campañas. Durante el 28 a. C la guerra la continúa el legado Calvisio Sabino, una campaña de la que se desconocen los detalles, solo se sabe que el legado fue premiado con el triunfo. Durante el 27 a. C., será el legado Sexto Apuleyo el encargado de llevar las operaciones obteniendo también el triunfo. En el año 26 a C. Augusto se pone personalmente al mando de las operaciones con las legiones: I Augusta, II Augusta, IV Macedonica, V Alaudae, VI Victrix, IX Hispana, X Gemina y según algunos historiadores también estaría la Legión XX Valeria Victrix. En total unos 80.000 hombres entre legionarios y auxiliares.
Augusto estaba decidido a dar el golpe final, no obstante el terreno montañoso y la eficaz lucha de guerrillas de los cántabros no se lo ponía fácil. Augusto establecería su principal base de operaciones en Segisamo y Portus Blendius en la zona de Suances le serviría como base de abastecimiento costero. Durante el año 26 a. C. la guerra se dedica en exclusiva a acabar con los cántabros. El ejército romano se desplegó en tres columnas que avanzando por tierra abarcaban todo el territorio cántabro, según los cronistas romanos se dispondrían como para “una batida contra alimañas”, así mismo en la costa actuaba la flota romana que desembarco una legión para sorprender a los cántabros por la espalda, según algunos historiadores la legión que desembarcó fue la Legión IX Hispana. Acosados por las columnas romanas los cántabros se refugiaron en la ciudad de Bergida a la que Orosio llama Atica. Asediados por el legado Antistio los cántabros escaparon al castro fortificado del monte Vindio donde sufrieron un nuevo asedio hasta que el hambre mató a la mayoría de los defensores.
El resto de cántabros se refugió en Aracillum, durante los inicios de este asedio, el emperador Augusto, cansado de la larga guerra de guerrillas se marcho “enfermo” a Tarraco y dejo la campaña en manos de su experto legado, Cayo Antistio Vetus. Cercados por las columnas de Antistio y la columna que había desembarcado en la costa, los cántabros resistieron duramente a vida o muerte, pero tras el duro asedio los romanos consiguieron tomar Aracillum aunque a un elevado coste en vidas para el ejército atacante. No solo bajas causadas por los cántabros, sino por el crudo inverno y las plagas de ratas que acababan con los suministros romanos.
En este contexto surge Corocotta, como caudillo militar cántabro, de él poco se sabe, simplemente conocemos de Corocotta unas líneas que escribió sobre él el historiador romano Dión Casio, textualmente dice así: ”…Se irritó (Augusto) tanto al principio contra un tal Corocotta, bandolero español poderosísimo, que hizo pregonar una recompensa de 250.000 sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no solo no le hizo ningún daño, sino que incluso le regaló aquella suma…” Solo hay esto escrito sobre Corocotta, el resto solo son hipótesis a debatir. Podemos suponer que fue un caudillo importante, pues los romanos llamaban a los caudillos enemigos importantes, como Viriato y Vercingetórix “bandoleros”, para no reconocerles legitimidad o autoridad alguna. La historia del dinero en mi parece inventada o fantasiosa, una forma del escritor para ensalzar al emperador y su magnanimidad. Los romanos eran gente práctica y a los enemigos que se ponían a su alcance les solían matar sin miramientos. Probablemente, en cuanto Corocotta hubiera asomado la cabeza por el campamento romano la habría perdido. Pero bueno, las líneas están ahí y cada cual las puede interpretar como quiera. Históricamente nada más se sabe sobre el caudillo, el resto es terreno para la novela y la especulación. Pero es de suponer que acabaría como el resto de su pueblo, muerto o esclavizado.
Tras las anteriores victorias romanas las siguientes campañas militares se orientaron a someter al resto de cántabros y a los astures en la zona de la Gallaecia. El conflicto se decidió en el asedio a Mons Medullius. Tras duras batallas la mayoría de los sitiados supervivientes se suicidó con derivados del Tejo para no acabar como esclavos. En cuanto a los astures, acampados junto al rió Astura, pretendían sorprender a los romanos en un ataque por sorpresa. Pero fueron traicionados y los romanos al mando de Carisio les derrotaron tras una dura batalla. Tras esa derrota los astures se refugiaron en la ciudad de Lancia. Pero la ciudad fue tomada al asalto por Carisio, tras rodearla e incendiarla. Tras esta victoria la guerra bajó de intensidad, siendo mayoritariamente una interminable lucha contra guerrillas.
A finales del 25 a.C., Augusto regresó a Roma, donde cerrará las puertas del Templo de Jano como símbolo de la Paz en el imperio. Pero tras la propaganda del emperador la realidad es que la tan destacada paz es ficticia, los cántabros y astures se sublevaron de nuevo y los legados Carisio, de Lusitania y Lucio Aelio Lamia de la Hispania Citerior se tuvieron que encargar de sofocar las revueltas producidas entre los años 24 y 22 a. C. Los astures fueron sometidos rápidamente, pero los cántabros se obcecaron en resistir, lo cual provocó serías represalias romanas, muchos de los cántabros fueron vendidos como esclavos y sus ciudades fueron arrasadas.
En el 20 a.C., los cántabros vendidos como esclavos se rebelaron y tras matar a sus dueños regresaron a las montañas. Augusto decidido a acabar para siempre con las continuas sublevaciones y problemas causados por los cántabros envió a Marco Agripa, el mejor general del imperio para pacificar la región definitivamente y a cualquier coste, el prestigio del emperador estaba en juego. Agripa llevó a cabo una dura campaña, los cántabros eran un duro rival, que causo numerosas bajas entre los romanos, incluso una legión perdió el título de “Augusta” por huir del enemigo. Pero finalmente fueron derrotados y tras ser vencidos la represión fue despiadada. Todos los varones cántabros en edad militar apresados serán asesinados, los castros serán arrasados y el resto de la población será trasladada a la Meseta. En el 19 a.C. el pueblo cántabro ha sido sometido definitivamente tras numerosas batallas, revueltas y baños de sangre. Su nombre nunca será olvidado por los romanos, los cántabros siempre serán el pueblo indomable, un pueblo en el los prisioneros cantaban mientras eran crucificados.