No obstante, lejos de esta complacencia, os tengo que pedir que nos acompañéis dándole un mayor sentido a esa ilusión que nos liga, afianzando y haciendo más sólida su realidad, que nos ayudéis en los esfuerzos que se presentan ante nosotros.
Tenemos por delante retos muy importantes, desafíos como el Centro de Interpretación, la consecución de una mayor y más diversa financiación o de la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional; pero sobre todo, sobre todo, el mayor y primer reto al que hemos de enfrentarnos y resolver es la necesidad de un espacio fijo y con las condiciones necesarias para ubicar las propias fiestas. Sin un espacio libre de incertidumbres y con las cualidades necesarias para la ubicación de un campamento, la realización de las distintas actividades e, incluso, la posibilidad de satisfacer posteriores necesidades, es imposible aspirar a un futuro como el que todos tenemos en mente. Si no alcanzamos este mínimo, la fiesta, simple y llanamente, está condenada a su desaparición tal y como hoy la conocemos y tal y como hoy la aspiramos.
Desde aquí os invito a todos, ya seas cantabro o romano, festero o visitante, en definitiva amigo y simpatizante, a uniros a nosotros a conseguir este futuro; a robustecer nuestra ilusión arraigando de tal forma las Guerras Cántabras que, dentro de otros seis años, los retos a los que se enfrente la Asociación sean otros bien distintos y mucho menos cruciales.