De esta manera los cántabros fueron acometidos por la espalda a la par que se forzaban los ataques en la cordillera, conquistando roca a roca y castro a castro, todos los principales puntos de resistencia.
Al parecer fue durante los momentos previos al asedio de Aracillum cuando Augusto, cansado ya de ver como los cántabros rehuían el combate abierto, cayó enfermo, retirándose a Tarraco y dejando la campaña en manos de su legado, Cayo Antistio Vetus.
Según las crónicas, el padre de Antistio fue pretor de la Hispania Ulterior en el año 68 a. C., con César como cuestor, y todo apunta a que este Antistio sea el Vetus que, según Apiano, combatió a los Salassos en los Alpes en el 33 a. C.
En esta guerra, Antistio hizo grandes hazañas, no porque fuese mejor general que Augusto; sino porque despreciándole sus enemigos, se atrevieron a entrar en batalla y la perdieron. Entonces fue cuando Antistio se apoderó de algunas poblaciones. Después Publio Carisio entró en Lancia desierta de los suyos, y redujo a su obediencia otras muchas tierras.